Hace casi dos décadas, el director japonés Masaaki Suzuki (Kobe, 1954) inició la titánica tarea de registrar la totalidad de las cantatas bachianas (así como también sus pasiones, oratorios y esa obra cumbre que es la Misa en Si menor) al entregarnos el primer volumen de la serie editada por la casa sueca Bis y que agrupaba las cantatas BWV 4, BWV 150 y BWV 196. Por aquella época contábamos con algunas integrales de la obra sacra/vocal del Cantor, a saber: la de Nikolaus Hanoncourt y Gustav Leonhardt (Teldec), a estas alturas absolutamente superada en todos los aspectos (técnicos-musicales e interpretativos); la de Helmut Rilling (Hänssler), interpretada con criterios e instrumentos románticos, es decir, totalmente prescindible. Luego aparece otra a bajísimo costo, del sello Brilliant, también para el olvido. Se suma a lo anterior la integral del holandés Ton Koopman (comenzada a registrarse un año antes que Suzuki, en 1994, y finalizada el 2005 con un total de 22 volúmenes de 3 discos cada uno, excepto el volumen quinto que contiene 4 cds), muy bien lograda y con momentos notables. Philippe Herreweghe entrega esporádicamente una que otra placa, primero fue a través del sello Virgin y hoy por Harmonia Mundi, en un cometido que tiene momentos hasta ahora no superados (lo mejor, lejos, las cantatas para alto con Andreas Scholl), pero que con el tiempo ha pecado de mucha irregularidad y que, ya sabemos, no finalizará en forma de integral. Las lecturas del británico John Eliot Gardiner (Soli Deo Gloria), también un trabajo en curso, destacan gracias al espléndido Monteverdi Choir, mas al estar cada una de estas producciones discográficas basadas en una serie de "tomas en vivo", el resultado final es de por sí ya disparejo. Frete a este panorama, es Masaaki Suzuki quien, con un trabajo paulatino, sistemático y concienzudo, ha acaparado la atención de todos.
Hace cosa de semanas recibí el último volumen de su integral en curso, el número 45 de la serie, que incluye las cantatas BWV 39, BWV 187, BWV 129 y el movimiento orquestal o Sinfonia BWV 1045. Luego de algunas escuchas, la impresión es la misma que me causaron casi todas sus últimas entregas: genialidad. Y este resultado no es casualidad. Rescato algunas palabras del propio director japonés de una entrevista que concedió a un medio español para que entiendan a lo que me refiero: "A lo largo de los veinte años que he dedicado a grabar la música de Bach he procurado contar siempre con los mejores músicos disponibles, acumular toda la información posible sobre su música (al margen del estudio que supone la propia partitura) y seleccionar los tempi y dispositivos instrumentales más adecuados. Como es natural, el enfoque ha ido evolucionando. Cuando empezamos a trabajar en el proyecto de las cantatas lo cierto es que yo no tenía mucha experiencia en el campo de la grabación, pero ahora que conozco el contexto de cada recitativo, aria y coro puedo afinar al máximo los detalles de los respectivos movimientos de cada cantata. En un principio resultaba bastante difícil lograr cosas tan elementales como empastar adecuadamente o conseguir la afinación precisa, pero ahora podemos dedicarnos más concienzudamente a pulir la expresión. Lo que nunca cambia es la fascinante y bellísima música de Bach, que es en definitiva lo que nos incentiva a superarnos continuamente. En las cantatas eclesiásticas de Bach, mi propósito fundamental consiste en realzar el texto tanto como sea posible, pues hay que tener en cuenta que estas obras se compusieron para favorecer una relación íntima con el texto. Suelo invertir gran cantidad de tiempo hablando con mis músicos sobre las circunstancias concretas de cada texto, sugiriéndoles ideas a propósito de la dinámica o de los énfasis y pienso que en este momento se hallan lo suficientemente preparados y cómodos como para trasladar esas ideas y sugerencias a sus propias técnicas instrumentales. No suelo insistir en mis propias intuiciones, sino que me esfuerzo en buscar otras perspectivas con mis colegas. Se trata de un diálogo."
Si bien no practica las teorías expuestas por Joshua Rifkin en esa polémica publicación "El coro de Bach. Informe preliminar" (The Musical Times, Nº 123, 1982, pp. 747-754) respecto de las interpretaciones de la música vocal de Bach con un coro de "concertistas", quienes asumen las partes solistas (recitativos, ariosos y arias), coros y corales, interpretaciones hoy denominadas OVPP o "una voz por parte", Suzuki las reconoce y se acerca a ellas cautelosamente. En un comienzo, Suzuki trabajaba con un cuarteto de solistas, en su mayoría japoneses con voces de timbre débil, y un coro de cámara de tradicionales dimensiones para el repertorio. Ahora, utiliza un coro de generalmente 12 voces, 3 por cuerda, e incluye en el mismo grupo a los solistas, que son de la talla de Carolyn Sampson, Hana Bla?íková, Robin Blaze, Gerd Türk y el tremendo Peter Kooij.
El trabajo del director y musicólogo nipón es en la actualidad el más equilibrado de todos, pese al contradictorio contraste entre los primeros volúmenes y los últimos de su integral de cantatas. Y por lo mismo, resulta sumamente grato poder apreciar el crecimiento de su conjunto vocal e instrumental. El Bach Collegium Japan está actualmente al mismo nivel o por sobre el de muchas de las orquestas belgas, holandesas, alemanas o inglesas más renombradas. Y todo gracias al trabajo atento, constante y riguroso de quien supo hacer las cosas correctamente.
Johann Sebastian Bach (1685 ? 1750) Gelobet Sei Der Herr Cantatas Vol. 45
Bach Collegium Japan Masaaki Suzuki
Bis, 2009 [65'42'']